Omar observó las imágenes una vez más.
La pantalla del teléfono brillaba en su despacho, iluminando su rostro tensado, marcado por una rigidez poco habitual en él.
Al principio no entendía por qué su respiración se había vuelto más corta, más pesada. Solo eran fotos. Solo un restaurante. Solo Samyra sentada frente a un hombre.
Pero su mente no se quedó en lo racional. Se quebró.
Una imagen se impuso sobre las demás con una violencia inesperada: Samyra sonriendo en la mesa, inclinándose apenas ha