Nayla salió del restaurante con pasos apresurados, aunque su rostro intentaba mantener una calma que no sentía.
El aire de la calle le golpeó el rostro con suavidad, pero dentro de ella todo era distinto: una mezcla incómoda de nervios, anticipación y una duda que no terminaba de desaparecer.
Subió al primer taxi que encontró sin mirar atrás.
Durante el trayecto, apoyó la cabeza contra el vidrio, observando cómo las luces de la ciudad se estiraban en líneas difusas. No pensaba en el paisaje. Pen