Inaya sintió que el teléfono pesaba como una roca entre sus manos.
—Fahriye... por Alá... —susurró con la voz quebrada—. Si esto sale a la luz... va a estallar una guerra.
Fahriye no respondió de inmediato.
Observó a lo lejos a su madre, Samyra, sonriendo orgullosa mientras enseñaba los regalos de compromiso a las invitadas.
Las mujeres admiraban las joyas. Comentaban el inmenso valor del mahr.
Todas hablaban de la suerte que tenía la futura novia.
Ninguna imaginaba que aquella felicidad estaba