El collar de diamantes cayó al suelo.
El sonido de la joya golpeando el mármol fue más fuerte que cualquier grito.
Durante generaciones, aquella pieza había representado el orgullo de las mujeres Al Qasimi.
Pero ahora estaba allí, abandonado en el suelo, como si también hubiera sido testigo de la humillación que acababa de sufrir la familia.
La abuela Cerem permaneció inmóvil.
Sus manos temblaban.
Nunca, en todos sus años de vida, había sentido una vergüenza semejante.
Ella había enfrentado guer