Omar llegó al aeropuerto privado sin recordar siquiera cómo había llegado hasta allí.
Todo había ocurrido demasiado rápido.
Nueva York. La gala. Samyra sobre aquel escenario.
Su sonrisa. Su premio. Su felicidad.
Y aquella verdad que le había golpeado el pecho con más fuerza que cualquier puñetazo.
Ella nunca necesitó que él la salvara.
Era él quien había necesitado ser salvado por ella.
El avión esperaba sobre la pista.
Los motores rugían suavemente bajo la oscuridad de la madrugada.
Uno de sus