—¡Es mentira! ¡Es una vil calumnia!
La voz de Fahriye retumbó en el gran salón como un trueno.
Su indignación era tan intensa que hizo callar hasta el último murmullo. Con la espalda erguida y el mentón en alto, sostuvo la mirada de Adnan sin un solo atisbo de miedo.
—¡Jamás hemos estado juntos! ¡Nunca me has tocado! ¡Eres un cobarde... un miserable!
Un silencio sepulcral envolvió el salón.
Adnan sintió cómo decenas de ojos se clavaban sobre él.
La humillación de verse cuestionado frente a todos