Mientras Samyra luchaba por mantenerse fuerte en el ala de ginecología, en el piso de cuidados intensivos la incertidumbre consumía a toda la familia Al-Sabah.
Nadie hablaba.
El silencio pesaba más que cualquier palabra.
Nassira caminaba de un extremo al otro del pasillo con las manos entrelazadas, incapaz de permanecer quieta.
Cada pocos segundos dirigía la mirada hacia la puerta de la habitación de Omar, esperando que en cualquier momento un médico saliera con buenas noticias.
Pero nadie salía