El hospital estaba demasiado silencioso para todo lo que se estaba rompiendo dentro de sus muros.
Las luces blancas, frías e impersonales, iluminaban los pasillos largos donde el eco de los pasos parecía más fuerte de lo normal. Había médicos entrando y saliendo con prisa, enfermeras hablando en voz baja, y ese olor característico a desinfectante que no lograba ocultar el peso de la desesperación humana.
En medio de ese ambiente, Nassira avanzaba con paso firme.
Nassira Al-Sabah no solía mostrar