Samyra no sabía qué hacer.
Salió del laboratorio con el resultado aún grabado en su mente como una sentencia imposible de ignorar.
Embarazada.
La palabra seguía resonando dentro de ella.
Cada paso por los pasillos del hospital se sentía extraño, como si el mundo continuara exactamente igual mientras el suyo acababa de cambiar para siempre.
Su mano se apoyó inconscientemente sobre su vientre.
Todavía no había nada que pudiera sentir.
Ningún movimiento. Ninguna señal.
Y aun así, sabía que ya no es