Al volver a casa aquella noche, Samyra encontró la cena servida.
La casa estaba en silencio, iluminada por una luz cálida que intentaba simular normalidad.
Omar ya estaba sentado, esperándola. La observó en cuanto entró, como si hubiera estado repasando mentalmente mil preguntas que no se atrevía a hacer.
Samyra no lo notó del todo. O quizá sí, pero decidió ignorarlo.
Se sentó sin decir demasiado y comenzó a comer con calma. El ambiente era denso, cargado de esas palabras no dichas que flotaban