—Despertaste...
La voz de Aníbal fue apenas un murmullo.
Había permanecido tantas horas junto a su cama que, cuando sintió un ligero movimiento en la mano que aún sostenía entre las suyas, abrió los ojos de inmediato.
El cansancio desapareció al verla consciente.
Una mezcla de alivio y preocupación cruzó su rostro.
Elise volvió lentamente la cabeza hacia él.
Durante un instante, sus miradas se encontraron.
No había ternura. Tampoco indiferencia.
Solo una historia llena de heridas que ninguno de