La noche fue larga.
Samyra apenas pudo conciliar el sueño.
Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Omar conectado a los monitores, inmóvil, luchando entre la vida y la muerte. Después aparecían las acusaciones, las miradas desconfiadas de sus colegas y el miedo de perder a sus hijos antes siquiera de conocerlos.
Su mente no dejaba de dar vueltas.
Aun así, no estaba sola.
Nassira permaneció junto a ella toda la noche.
Se negó a abandonar la habitación, incluso cuando las enfermeras le ofr