Al día siguiente.
Hamdan despertó lentamente, todavía atrapado entre el sueño y la realidad. Durante unos segundos permaneció inmóvil, esperando sentir el calor de Alya a su lado, como había ocurrido cada mañana desde que se habían convertido en esposos.
Pero aquella vez no encontró nada.
El lugar donde ella solía dormir estaba vacío.
Hamdan abrió los ojos por completo y miró la habitación en silencio. La almohada de Alya estaba intacta, las sábanas frías. Era un detalle pequeño, pero para él si