—¡Claro que no! —respondió Fahriye con una sonrisa llena de naturalidad—. Malik es nuestro primo, no es su hermano de sangre. Pero para Inaya siempre ha sido como un hermano mayor. ¿Verdad, Inaya?
Aquellas palabras atravesaron el pecho de la joven como una flecha.
Por un instante, el bullicio del centro comercial desapareció. Las risas de la gente, la música que salía de las tiendas y el sonido de los pasos sobre el brillante piso de mármol se desvanecieron por completo.
Solo quedó aquella frase