—¡Es imposible!
La voz de Essyra resonó con una mezcla de indignación y decepción. Sus ojos brillaban de rabia mientras caminaba de un lado a otro por el jardín del palacio, incapaz de aceptar lo que acababa de escuchar.
Se detuvo de golpe y volvió a mirar a Essyra, mientras pensaba.
—Hasret no es nadie para esa familia.
Bajò la mirada, pensando aún.
—Era una esclava. Una mujer que fue comprada como si fuera un objeto. ¿De verdad la poderosa familia Al-Sabah permitiría que alguien con ese pasado