El sábado finalmente había llegado.
El día que cambiaría para siempre el destino de Hasret.
Apenas el primer rayo de sol atravesó las delicadas cortinas de su habitación, abrió lentamente los ojos. Había pasado casi toda la noche despierta.
Cada vez que intentaba dormir, la emoción y los nervios la obligaban a volver a mirar el reloj.
Le parecía imposible que aquel momento hubiera llegado.
Durante tantos años había vivido sin permitirse soñar demasiado. Aprendió que las ilusiones eran peligrosas