Nassira entró en su automóvil sin saber siquiera adónde iría.
Cerró la puerta y apoyó la frente sobre el volante.
Durante varios segundos permaneció completamente inmóvil.
Entonces, todas las emociones que había contenido durante el día terminaron por derrumbarla.
Rompió a llorar.
Las lágrimas caían una tras otra, empapando el volante mientras su respiración se volvía entrecortada.
Por primera vez comprendió que aquello que más anhelaba no era encontrar un esposo.
Era formar una familia.
Escucha