—Nassira… ¿y con quién se supone que piensas tener un hijo? —preguntó el abuelo con voz grave, apoyándose en su bastón—. No me dirás que estás pensando en traer un niño al mundo sin saber siquiera quién es el padre. ¡Jamás lo permitiré!
La sala quedó en silencio.
Nassira bajó la cabeza por unos segundos. Sus dedos se entrelazaron con nerviosismo sobre su regazo, mientras reunía el valor para hablar.
Había prometido no volver a esconder sus sentimientos.
Había visto demasiado sufrimiento en los ú