Elise corrió desesperada hacia el centro de la sala, con el corazón golpeándole el pecho como si fuera a romperse. Su respiración era agitada, su mirada afilada, completamente centrada en una sola cosa: su hija.
La escena parecía sacada de una pesadilla.
Una mujer sostenía a la bebé en brazos. Otra persona, una asistente de la anciana que estaba sentada cerca, intentaba intervenir sin saber exactamente qué estaba ocurriendo.
Sin pensarlo dos veces, Elise se lanzó hacia adelante y arrebató a su