La luz del jardín era suave, filtrada entre las lámparas ornamentales que colgaban discretamente alrededor del espacio reservado para las invitadas.
Las mujeres reían en pequeños grupos, moviendo fichas sobre tableros de carrom mientras conversaban en voz baja, como si incluso el ocio debiera mantenerse dentro de ciertos límites.
Samyra ocupaba un lugar discreto en una de las mesas.
Sus manos estaban apoyadas sobre su regazo, pero su mente no estaba en el juego.
Frente a ella, Fadia Al-Mansoor