Elise retrocedió un paso. Sentía que el aire abandonaba sus pulmones mientras las palabras de Phillip seguían resonando en su cabeza.
—¿Quién... quién te dijo eso?
Su voz apenas fue un susurro.
Phillip no apartó la mirada de ella. Sus ojos reflejaban rabia, impotencia y un profundo dolor.
—El propio Aníbal.
Elise abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué...?
—Lo enfrenté. Lo vi obligarte a besarlo, vi cómo te humilló con esas crueles palabras. No podía quedarme de brazos cruzados.
Ella sintió que las l