Samyra estaba a punto de abandonar el hospital, luego de despedirse de la jequesa, cuando una voz la detuvo.
—Señora Al-Sabah, ¿podemos hablar un momento?
Ella se volvió y encontró al director del hospital observándola con una amable sonrisa. A pocos pasos de distancia, la jequesa seguía acompañándola.
—Te veo mañana en mi fiesta —dijo la jequesa con una sonrisa cálida—. No faltes.
—Ahí estaré —respondió Samyra.
La mujer se despidió y continuó su camino.
Samyra observó cómo desaparecía por el p