Sin embargo, todo aquello había terminado.
La disculpa pública de Essyra había sido transmitida a todo el país, devolviéndole el prestigio que nunca debió perder.
Hasret por primera vez en muchos días sintió que podía respirar con tranquilidad.
Giró lentamente el rostro hacia Murad.
Él permanecía sentado a su lado, observándola con una sonrisa serena.
Hasret tomó su mano con delicadeza y entrelazó sus dedos con los de él.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Hiciste todo esto por mí...
Murad sonr