La noche finalmente había llegado.
El majestuoso Palacio Al Qasimi resplandecía bajo miles de luces doradas que iluminaban sus jardines, terrazas y enormes cúpulas. Desde la distancia, la residencia parecía un auténtico palacio de cuentos, rodeado por fuentes de mármol blanco cuyas aguas reflejaban el brillo de la luna.
Era una celebración muy especial.
Aquella noche tendría lugar el gran banquete organizado por la familia Al Qasimi, una velada que reuniría a las casas reales más importantes de