Aníbal no pudo contenerse.
La revelación lo atravesó como una descarga brutal, imposible de asimilar sin romper algo por dentro.
No fue solo enojo. Fue una mezcla peligrosa de incredulidad, decepción y un dolor tan profundo que le dificultaba respirar con normalidad.
En un impulso desesperado, tomó a su madre por los brazos. No midió la fuerza. No midió nada.
La sacudió con violencia, como si intentara arrancarle una verdad que no encajaba en el mundo que él había construido.
—¿Cómo puedes hacer