Al día siguiente.
El Hospital despertó con la misma rutina frenética de siempre.
Médicos recorriendo los pasillos con expedientes en las manos, enfermeras preparando medicamentos y el sonido constante de los monitores cardíacos mezclándose con el ir y venir de los pacientes.
Samyra cruzó las puertas automáticas con el rostro cansado, pero decidida.
Había pasado gran parte de la noche revisando nuevamente el protocolo del tratamiento experimental de Omar. Aquella dosis era decisiva y no estaba di