Una semana después.
Samyra recibió una llamada aquella mañana.
Era Fadia. Su abogada.
Le informó que había viajado a Zúrich y que necesitaba verla para entregarle unos documentos importantes.
Desde que colgó el teléfono, una extraña inquietud se instaló en su pecho.
Sabía perfectamente qué documentos eran.
Había estado esperando ese momento durante semanas.
Y aun así, cuando finalmente llegó, descubrió que no estaba preparada.
Aquella tarde acudió a la cafetería acordada.
Mientras caminaba por l