—¿Por qué? —preguntó Samyra.
La sorpresa fue tan grande que por un momento olvidó respirar.
Sus dedos permanecieron inmóviles alrededor de la taza de té.
Su corazón latía con fuerza.
Fadia la observó unos segundos antes de responder.
—Cuando te llamé mientras estabas en Nueva York, todavía no sabía nada. Pero después comenzaron a circular rumores y terminé investigando un poco por curiosidad.
Samyra sintió una extraña tensión recorrerle el cuerpo.
No sabía si realmente quería escuchar aquello.
Y