Nassira lloraba sin control.
Las lágrimas corrían por su rostro mientras permanecía de rodillas en medio de la sala, incapaz de aceptar lo que acababa de ocurrir.
La puerta se había cerrado detrás de Mohamed.
Y con ella, parecía haberse cerrado también la vida que había imaginado junto a él.
La abuela tomó los documentos médicos con manos temblorosas.
Los leyó una vez. Luego otra.
Como si esperara encontrar un error. Como si las palabras pudieran cambiar.
Pero no cambiaron.
El diagnóstico seguía