“¿Rompió su promesa de amor?”
La voz de la jequesa Alya no fue alta, pero cayó con precisión absoluta en el centro del salón.
No había juicio en su tono, solo una curiosidad genuina… y eso era precisamente lo que lo volvía peligroso.
Omar Al-Sabah tardó un segundo en responder. Demasiado.
Ese breve silencio fue suficiente para que el ambiente cambiara.
Las conversaciones cercanas se apagaron, los movimientos se ralentizaron, y más de una mirada comenzó a girarse discretamente hacia ellos.
Samyr