—¡¿Cómo te atreves a acusarme?!
La voz de Nassira resonó con fuerza dentro de la habitación del hospital.
Su rostro estaba completamente deformado por la furia. Sus ojos brillaban llenos de odio mientras daba un paso hacia Samyra.
Y entonces alzó la mano. Iba a golpearla.
Samyra ni siquiera retrocedió.
La observó fijamente, con el pecho subiendo y bajando agitadamente. Estaba cansada. Cansada de las humillaciones, de las acusaciones.
Pero justo antes de que la mano de Nassira la alcanzara…
—¡Nas