Samyra perdió la conciencia.
Todo ocurrió demasiado rápido.
El pasillo del hospital se inclinó frente a sus ojos y el dolor que recorría su cuerpo terminó por vencerla. Sus piernas dejaron de responder y estuvo a punto de desplomarse contra el suelo frío.
Pero unas manos fuertes la sostuvieron antes de que cayera.
—¡Samyra!
Phillip Rezza la atrapó entre sus brazos.
El hombre la observó alarmado mientras apartaba algunos mechones húmedos de su rostro. Apenas tocó su piel, frunció el ceño.
Tenía f