—¿Qué has dicho? —la voz de Anibal se endureció, pero Elise no retrocedió.
Aníbal la observaba como si estuviera evaluando algo que ya había decidido desechar. La habitación estaba en silencio, y la tensión que parecía ocupar cada rincón.
—Digo la verdad —respondió Elise, firme a pesar del nudo en la garganta—. Esto lo haces por venganza.
El gesto de Aníbal se endureció.
—Debes irte de aquí.
Elise dio un paso adelante, negándose a aceptar la sentencia.
—¡No lo haré hasta que me escuches! —su voz