Samyra salió de la villa sin despedirse.
La puerta se cerró detrás de ella con un sonido seco, pero ni siquiera volteó. Sentía el pecho demasiado lleno para seguir soportando más voces, más explicaciones, más promesas imposibles.
Necesitaba aire.
Necesitaba alejarse antes de terminar rompiéndose frente a ellos.
La noche era fresca, y el viento movía suavemente las telas oscuras de su vestido mientras avanzaba por el camino iluminado apenas por las lámparas exteriores de la residencia. No estaba