Nayla no respondió de inmediato.
Su mirada se clavó en el suelo, como si allí pudiera encontrar una salida a la situación en la que acababa de quedar atrapada.
El aire en la habitación se había vuelto más pesado desde la llegada de Omar y Samyra, como si las paredes mismas hubieran absorbido la tensión.
Ella no esperaba que esto ocurriera así.
Había imaginado muchas versiones de ese momento, incluso lo había ensayado en su mente más de una vez: cómo lo diría, qué tono usaría, qué lágrimas serían