Samyra abrió los ojos lentamente.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, atrapada entre el sueño y la realidad.
La habitación estaba oscura. Apenas una tenue luz proveniente del pasillo iluminaba las sombras.
Entonces sintió algo. Un brazo rodeando su cintura.
Su corazón dio un vuelco.
Giró la cabeza de inmediato.
Y se encontró con Omar. Sus ojos chocaron con los de él.
Estaba despierto. Observándola.
Como si llevara mucho tiempo haciéndolo.
—¿Omar? —susurró, sobresaltada—. ¿Qué haces aquí?
A