Samyra tomó la tarjeta de crédito de las manos de Omar y salió de la casa sin volver a mirarlo.
Omar permaneció sentado frente a la mesa del comedor durante varios minutos, inmóvil, observando el espacio vacío donde ella había estado segundos antes.
No entendía qué estaba pasando.
Sentía rabia. Vergüenza. Y algo peor.
Una ansiedad extraña que comenzaba a crecer lentamente dentro de su pecho.
Durante años, Samyra había sido dulce, paciente y comprensiva. Incluso cuando discutían, siempre terminab