– Rebeca Miller
Apenas crucé la puerta del club, el aire familiar me envolvió como una caricia y, al mismo tiempo, como un susurro del pasado. El aroma a madera pulida, mezclado con el dulce toque de las flores frescas en la barra, me hizo sentir que, por un instante, estaba regresando a un lugar donde solía sentirme segura. Mis pasos resonaron suavemente sobre el suelo encerado, y entre el murmullo de las conversaciones y el tintinear de vasos, mis ojos lo encontraron.
Allí estaba Viktor. Sent