— Rebeca Miller
El aire fresco de la mañana rozaba mi piel cuando salí por la puerta principal. El sonido lejano de los pájaros se mezclaba con el ruido de un taxi que me esperaba al borde de la acera. El conductor, un hombre de mediana edad con gorra y gafas oscuras, me miró por el retrovisor, esperando mi señal para que cargara mi bolso en el asiento trasero.
Sin embargo, antes de dar un paso más, el rugido familiar de un motor interrumpió la calma. Giré la cabeza y lo vi. El auto de Julián s