Por encima de todo prefería estar mil veces con mi cliente misterioso, pero las amenazas de Manuel Beltrán tenían mucho peso. No podía dejar de pensar en ese encuentro al que no deseaba ir, pero del que no tenía escapatoria.
Me encontré con el cliente de la máscara y al llegar casi veo su rostro, pero su agilidad al salir del baño y cubrirlo de nuevo no me lo permitió. Era evidente que desde el primer segundo veía mi reloj repetidas veces pensando en el encuentro con el despreciable doctor. Ten