Estar con Sergio en Nueva York se estaba convirtiendo en mi terrible realidad, sentir de nuevo sus manos sobre mi piel, sus labios, su respiración agitada de tanto placer era lo peor de este mundo, pero ya había pasado, solo debía aceptarlo como parte de un horrible recuerdo. Ya de esos tenía una gran colección.
Conocí a mi nuevo cliente y era muy agradable; solo quería salir de paseo, tener compañía. Pero ver a Fabián en el hotel lo cambió absolutamente todo. No puedo describir con palabras lo