82. Eres mi m*****a kriptonita.
Russell alzó sus caderas y cerró sus ojos, disfrutando del dolor que le provocaban los embistes del joven rubio, pero no quería que parara, todo lo contrario quería que siguiera.
— Pasé un año entero durmiendo abrazado a ti en una cama individual, sin espacio para dos personas. Eso es lo que lo hacía perfecto, porque no había más remedio que estar muy pegados el uno al otro — dijo Vladímir, recordando cómo en ocasiones incluso dormía sobre él, acurrucado en su pecho, aquello lo llenó todavía má