77. Es Sergey, no aparece.
El joven ruso vio la puerta de su sala de baile abrirse a través del espejo y paró, odiaba que alguien le viera bailar, lo odiaba porque le recordaba a él, al maldito rey y todo lo que le provocaba.
— ¿Sucede algo?— dijo caminando hasta el lugar donde había dejado su camiseta para cubrirse nuevamente el torso expuesto y luego caminar hasta el equipo de música y parar la reproducción de aquella melodía.
— Es Sergey, no aparece — aseguró el hombre.
Vladímir necesitaba a Sergey, lo quería a su lad