Capítulo 20: La Hacienda Desconocida
Agustín miró a Salvaje con una expresión compleja, buscando en sus ojos el cálculo frío de Diego Larraín, pero solo encontró una determinación pura, casi animal, de proteger lo que era suyo.
Finalmente, Agustín respondió a Camila. El punto de extracción acordado fue una pradera de altura remota y abandonada, al anochecer de ese mismo día.
Avanzaron en silencio por la ruta discreta hacia el punto de encuentro. Valentina y Salvaje iban los últimos. Ella sostenía su mano con fuerza, sus dedos estaban fríos. Él le apretó la mano a cambio, con una fuerza que era su único consuelo en ese momento, pero que también se sentía como una despedida final. Como si él también entendiera lo que esta decisión representaba.
"Salvaje, espera." Valentina lo detuvo cuando ya se acercaban al punto de extracción.
Salvaje se detuvo y se volvió. El crepúsculo bañaba su silueta con un resplandor dorado oscuro, difuminando la inocencia de su amnesia y revelando tenuemente la