La madrugada llegó y mi estómago rugía, no fue buena idea no merendar. Sobé mi estómago varias veces, como si eso pudiera ayudar en algo, pero no funcionó, no podía pelear contra el hambre. Me levanté de la cama y me dirigí a la cocina, sin hacer mucha bulla.
—Llegaron como hace media hora, les dije que estabas durmiendo para que no te despertaran —dijo Aarón sentado desde el comedor.
—¡Dios! Que susto me diste, Aarón.
—Me quedé preocupado por lo que no comiste.
—No tenías de qué preocuparte.
—