El sol apenas entraba por la ventana de la sala. Me di la vuelta y Aarón estaba a mi lado. ¿Por qué no se levantó? Me encantaba verlo dormir, se veía tan tranquilo, acaricié su cabello y apenas se movió. Me acerqué más y nuestros labios estaban a unos centímetros.
—Si sigues así no podré resistirme a un beso —dijo con los ojos cerrados.
—Detente, pensé que no te ibas a quedar dormido.
—Debió ser el cansancio que me consumió.
—¡Qué te consumió!, ¿por qué de repente hablas de esta forma?
—No sé d