Aarón preparó su uniforme y lo colocó en la cama, tomó una ducha rápido y se roció un poco de perfume que le regaló su mamá y Adam lo acompañó hasta que subiera al expreso escolar.
—Gracias, Adam, por todo —le sonrió en forma de agradecimiento.
—Joven Aarón, creo que sus padres si notaron que se escapó.
—¿Estoy en problemas?
—Esperemos que no.
—Si le preguntan algo, ¿me va a defender?
—Lo que esté a mi alcance, joven Aarón.
Él veía en Adam lo que la ausencia de su padre le daba. Se sentía a gu