Mundo ficciónIniciar sesiónLa reunión estuvo cargada de preguntas y cuestionamientos; tuve que estar apuntando cada cosa, ya que Cedric me pidió que captara cualquier propuesta o palabra que saliera de sus bocas con el fin de tener una idea detallada de cómo usar sus propias palabras para los negocios más adelante.
Mientras nos despedíamos con sonrisas falsas y aún haciendo planes para otra reunión —ya que el tiempo no nos dio—Cedric y yo nos quedamos solos. Cada vez que estoy sola junto a él, es un momento de tensión muy fuerte para mí, así que recojo las carpetas con manos temblorosas y me dispongo a huir. Justo cuando voy a salir, él me habla. —¿Le he dicho que se vaya? Me detengo en seco y, soltando un breve suspiro inaudible, me doy la vuelta. —Es que tengo mucho trabajo que terminar y pensé que...—me interrumpe como siempre. —Qué extraño. No sabía que usted pensaba.—espeta desinteresado. —¿Disculpe? —lo miro sin disimular las ganas de cerrarle la boca a puñetazos. Me ignora. Tiende a tener esa mala costumbre de ofenderme y cambiar de tema con rapidez. —Siéntese y muéstreme todo lo que anotó. No puede querer vivir escapando de mí, recuerde que es mi secretaria. —Lamentablemente.—digo por lo bajo. —¿Que dijo?—me asusté y hablé rápido. —N-nada. Me siento a su lado y le empiezo a mostrar cada detalle y a explicarle. —¡Mmm! Diez millones de dólares, eh... Recuesta su espalda de la silla, lo hace cuando está pensando profundamente. —Sí, pero es un coche exclusivo. Puede ganarle más incluso. Además es último modelo. El motor es una locura; los caballos de fuerza me dejaron atónita. Una exhibición de todo el coche, generará grandes ingresos. Aunque sé que no es mi área, he aprendido un poco sobre ello. Con la ayuda del departamento de marketing podremos encontrar un buen comprador...o varios. Suspira, no de cansancio sino poco convencido. —Ya lo sé. ¿Estás de acuerdo en que debería aceptar? No entiendo por qué me pide a mí esa respuesta. —Bueno. Se supone que esa decisión la toma usted y sus socios, también los de el área financiera para saber si se puede invertir esa cantidad; yo solo puedo darle mi opinión. —Sí o no, Norris? Me pone entre la espalda y la pared con arrogancia y tono. —Hágalo. —¿Y si no resulta, qué? —Pues en eso de los negocios: se gana y se pierde. —Estamos hablando de diez millones de dólares, no de cien mil. Últimamente las ganancias han bajado. Da unos golpecitos suaves en la mesa. Maldito bastardo, si las ganancias han bajado ¿Por qué me pone entre la espada y la pared? ¿Para que me hace sus estúpidas preguntas? —Ja, incluso esa cantidad es exorbitante para mí, pero no es lo mismo para usted. Mi opinión es que invierta en ello. Si no está de acuerdo, respeto eso. Aunque las ganancias han bajado solo un 0.1%, no es demasiado. —No es demasiado ahora. Puede aumentar si las cosas no empiezan a mejorar. Aun así, se está perdiendo dinero, aunque sea un euro diario. A pesar de que es el ser humano más horrible que conozco, admito que su cerebro es muy funcional para los negocios. Pero necesitaba salir de su presencia cuanto antes. —Bueno, tiene razón. Dije para no abundar más en el tema; de por sí, no quería hablar más. Hubo un silencio repentino, incómodo y habló primero. —Se puede ir. Me enderece y recogí la carpeta, la apreté un poco, pues necesitaba pedirle un favor. —¿Puedo salir más temprano el día de hoy?—ni siquiera lo pensé para preguntarle. Las palabras salieron solas de mi boca. —¿Por qué?—¿acaso este hombre se hace el imbécil? Qué pregunta tan estúpida. —¿Me pregunta por qué quiero salir más temprano del trabajo? Me mira fijamente a los ojos. —Sí, ¿no me escuchó? —Olvídelo. —Bien —dice cortante. Salgo furiosa. ¿Pero qué m****a le pasa a ese sujeto? Juro que él sabe cuando me hace enfadar y eso le divierte. ⸻ Elora cerró la puerta y con ella me arrastró al pasado. Recuesto la cabeza en mi silla y sonrío levemente. Cómo la odio, la odio con todo mi ser. Recuerdo lo dulce que era ella: tímida, amable y muy inteligente. No la malcriada arrogante que tengo que soportar ahora. No lo dudé para acercarme aquella vez; era la niña más hermosa que mis ojos veían en todo el aula. Sus ojos café oscuros, su cabello negro hasta su cintura, con suaves ondas marcadas y su piel bronceada, brillante, era una locura mirar esos ojos alargados con pestañas abundantes. Su falda era algo corta, o su trasero la levantaba un poco. Los atributos de su cuerpo siempre han sido una maldición. Porque desde siempre ella ha sido hermosa. Muy hermosa y creo que ahora es mil veces más hermosa que la adolescente que me traicionó. Tan bonita que me molestaba cuando otros la miraban con codicia; de hecho, no quería que se diera cuenta de que yo amenazaba a otros adolescentes que intentaban acercarse a ella. Nadie iba a arrebatarla de mis manos. Era la mujer con la que iba a casarme y tener una familia amplia. Sí, quería tener una larga familia con Elora. Casarme con ella, hicimos planes; todo estaba organizado en mi cabeza. Pensé que ella también lo tenía claro. Pero me equivoqué. Un día, mi madre me dio la triste noticia de que iríamos a visitar a la familia, ya que había muerto el esposo de una de sus hermanas. Me despedí de ella; no le dije que había muerto alguien de mi familia porque no me importaba quién hubiese sido, solo sé que iba a volver rápido, para estar con ella. Tampoco quería ir, pero no podía negarme a nada en ese entonces. Antes de partir, le propuse que se entregara a mí; ella aceptó. Recuerdo su miedo y sus gemidos agudos por el dolor y el placer. Le había hecho el amor; estaba más loco por ella después de eso. Ella lloró tanto cuando nos despedimos que mi corazón gritaba en silencio, aunque me hacía el fuerte. Se suponía que el fuerte era yo. En ese maldito avión iba desesperado, sufriendo por pasar tantos días sin ver a la mujer de la que estaba perdidamente enamorado. Pero al pasar unos días, tuve un accidente jugando con unos primos y terminé recibiendo un pelotazo en la cabeza tan fuerte que me dejó inconsciente. Me internaron por varias semanas y, al despertar, lo primero que le dije a mi mamá fue que me trajera de vuelta: que necesitaba verla. Le confesé que estaba perdidamente enamorado de Elora. Que iba a casarme con ella tan pronto termináramos la universidad. Pero más que eso necesitaba formalizar nuestro noviazgo. Y ella con lágrimas en los ojos me hizo escuchar una grabación y me mostró unas fotos y una ecografía... Elora había quedado embarazada y decidió abortar. Me quedé en silencio por diez minutos. Mamá me explicó que mientras estuve inconsciente tuvo que viajar porque necesitaba algunos papeles por mi ingreso repentino y Elora se apareció en casa de repente buscando ayuda porque no podía tener ese bebé; su madre no se lo iba a permitir. Y que necesitaba dinero para realizarse el aborto... Mi madre trató de convencerla y, aun así, ella decidió abortar. Vi su letra, escuché su voz firme y sin titubeos. Al principio pensé que era una mala jugada de mi mamá para alejarme de ella, pero vi una foto días después: había un chico a su lado donde me sentaba junto a ella, estaba sonriéndole mientras él le hablaba y sonreía también. ¿Tan rápido me había reemplazado? Desde ese día me volví más callado; todo me molestaba y no quise volver. Decidí quedarme y terminar la escuela en Estados Unidos, pero... Me mantuve muy pendiente de su vida y de cada paso que daba; ella nunca más supo de mí, pero yo estuve en su vida todo el tiempo, incluso estuve en su graduación: desde lejos la vi recibir su título como secretaria ejecutiva. No sonreía mostrando los dientes; lo hacía solo con los labios. Estaba tan hermosa ese día, pero recordar sus palabras diciendo con firmeza que el hijo que ambos hicimos con amor era una carga, como si yo fuera tan poca cosa, o un irresponsable, me hizo escupir de rabia. Esperé que consiguiera un trabajo; la dejé en paz unos años, que se sintiera libre, para volver a ella y cobrar venganza. La odio tanto, porque no puedo dejar de amarla. Porque la veo y siento que mi corazón se cae. Porque su aliento me vuelve loco, porque cuando está nerviosa aprieta los puños o por todos los insultos que se traga y sé que quiere gritármelos. Aunque ella me odia —me odia demasiado—, cuando me ve es como si el diablo estuviera frente a ella, y es justo como me gusta que me vea. Como si yo fuera lo peor que le puede pasar en la vida. Le haré la vida tan imposible que se arrodillará a pedirme perdón y, aun así, la humillaré. Aun así le restregaré en la cara que nunca terminará su castigo. Ella mató a nuestro hijo por dinero; no merece menos que eso. Por eso le doy lujos y le hablo de tantas cosas materiales, porque eso es lo que a ella le interesa. Lo supo ocultar bien mientras fue mi novia, quien iba a creer que esa voz angelical y esa carita de niña buena, podrían ocultar a una desvergonzada. Vivirá rodeada de lujos, en la mansión del mismo infierno. Porque nunca la dejaré en paz. Y aunque suplique por su muerte, ni siquiera así tendré compasión de ella.






