Alguien tocó la puerta y fue el alivio instantáneo que sentí para poder liberarme de Cedric.
Pero ahora había un problema: le había lastimado el labio inferior. Él aflojó su agarre y casi dio un salto hacia atrás.
Tomó su pañuelo llevándoselo a los labios con rapidez, mientras yo me acomodaba la chaqueta y el pantalón tratando de no verme nerviosa.
—Pase.
Me senté frente a él, fingiendo tranquilidad mientras mi corazón parecía latir en el estómago. La presión de sentirme descubierta me hací