Una risa áspera se brotó de mis labios, no porque sintiera ganas de reír, sino porque la rabia que me consumía no encontraba otra forma de liberarse.
Quería decirle tantas cosas, exponerla completamente, pero entonces todo acabaría ahí y no sería suficiente para desenmascarar esa maldita cara de víctima.
Pero el odio que cargaban sus palabras me pesaba. Era como una daga clavándose a profundidad dentro de mí, desangrándome sin compasión.
En algún momento pensé que solo estaba confundida, pero e